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Pascal

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Pascal

Mensaje por Khayrat el Vie Sep 20, 2013 2:14 am

~Pascal~
 
[La perspectiva de Pascal de cómo ocurrieron las cosas con Kerry hasta que finalmente rompe con él. Este personaje aparece en las cartas que escribe Kerry a Antoine, es su pareja por tres meses tal como allí se explica]
 
La primera vez que lo vio fue en un pasillo, andaba distraído, perdido en su mundo de música y ritmos animados por las cálidas paredes de aquella universidad…
 
Era guapísimo.
 
“Lo siento, iba distraído ¿Cómo te llamas?” y desde aquella figura alta y fuerte salió el nombre que susurraría en sueños, que pintaría en cuadernos y que escucharía como fondo en todas las canciones.
 
Kerry.
 
Hubiera podido ser un sueño, hubiera podido seguir con su vida, Kerry pudo haber sido como ese chico del metro, del transporte público o la biblioteca, ese chico que solo ves en una ocasión, a lo mucho dos, y luego pasa. Kerry pudo ser nada más que un recuerdo vago, quizás una idealización y un imaginar “seguro que me daría unos hijos magníficos” en su rara y estrambótica cabeza. Pero no fue así, porque contrario a lo común Kerry… su Kerry —no, nunca fue suyo en realidad— había notado su interés, su coqueteo y había accedido.
 
Y se había equivocado, profunda y horriblemente.
 
Lo había condenado sin saberlo, lo condenó a una serie de esperas y desaires que a sus ojos eran poco importantes, pero ante los suyos lo eran todo. Fue culpa de Kerry… fue culpa de ambos. , recuerda el primer momento, cuando salieron juntos, cuando se acostaron luego, cuando antes de besarlo siquiera lo miró con sus oscuros ojos y le dijo: “puedo darte esto que soy ahora, pero nada más, debes saber que nunca me tendrás por entero” y en ese momento le pareció bien, el Kerry del momento, el Kerry de la universidad, el Kerry extranjero, era mejor que ningún Kerry. O eso creía.
 
Fue su culpa, no importa la advertencia, fue una advertencia maldita, una advertencia que parecía ser fácil de cumplir, solo querer una parte de esta persona. Pero no lo era. Kerry era o un maldito o un ignorante, porque el tiempo que le daba era siempre maravilloso, sonreía con los ojos iluminados, le escuchaba con atención infinita y verdadero interés, aunque él bien sabía que sus temas no eran lo que le gustaba, lo respetaba, lo poseía, se hacía magnífico ante sus ojos a cada segundo; jugando sus cartas, rindiéndose a perder desde el inicio, pero con esos ojos de victoria constante que lo que lograron fue hacerlo caer a él. Kerry parecía no tener idea de lo especial que era, de que su personalidad enamoraba, de que cada momento era un vicio y lo hacía desear más… desear aquello que desde el comienzo dijo no podría darle.
 
Se engañó a sí mismo en un inicio, se dijo que no se enamoraría de él, que sería pasajero. Y cuando se dio cuenta de que Kerry es un hombre al que se tiene al lado porque se ama, pensó distinto, lo vio como un desafío, creyó poder inmiscuirse en su vida, en su esencia, creyó poder hacerse parte de él y robarse aquello que le había negado desde un inicio, quiso luchar, pero demasiado tarde se dio cuenta que era una pelea perdida.
 
La primera vez que supo de él le quitó la importancia debida, sabía que Kerry escribía a casa pero cuando llegó una respuesta… su mundo se detuvo, fue la primera vez que apareció ante él otro Kerry, el de fuera, el que no era universitario, el que no estudiaba, el que estaba fuera de su alcance, bastó una carta para que Kerry llegara tarde a la cita, para que quebrantara su puntual caballería. Bastó una carta para que, a pesar de no parecer ser buenas noticias, sus ojos brillaran desmedidos por el solo hecho de haberla recibido, de haber saboreado una letra que él desconocía, de un alguien que él desconocía, pero que claramente era el dueño de todo aquello que Pascal no podía tener.
 
Lo dejó pasar, y fue su primer error. En cuanto vio ese brillo debió darse cuenta, era mayor, diferente a cualquiera que pudo haber mostrado con él, opacaba todo lo demás y como estudiante de artes debió saberlo, debió verlo.
 
Cartas, preocupación, nunca supo de qué trataban, el tiempo que Kerry le compartía era adecuado pero nunca completo, porque él no lo tenía, tenía una mitad de él, una maravillosa mitad. Y comenzó a hacerse preguntas ¿si esa parte de Kerry era tan especial, cómo sería el Kerry completo? ¿Aún mejor? ¿Tendría más defectos? ¿Más virtudes? Quiso saber más, conocerlo más, pero se encontró frente a una barrera que había estado allí desde el inicio.
 
Fue en ese entonces, fueron esas preguntas, esos deseos, los que lo hicieron darse cuenta de que no podía continuar, quería a Kerry, lo quería por entero, amaba sus caminatas, sus sonrisas, su preocupación, amaba tanto a ese Kerry, que quería amarlo por entero, quería más de lo que podía darle, quería que tuviera la voluntad de dárselo. Pero no la tenía.
 
Me niego a enamorarme de ti, sabiendo que tú no vas a amarme de vuelta
 
Le había mentido por la misma mentira, lo amaba y no quería lastimarlo, no quería llenarlo de culpabilidad, no quería que sintiera que le había roto el corazón, a pesar de todo no lo merecía “Kerry, te amo y porque te amo no puedo seguir contigo”, si le decía que lo amaba le dolería y quería evitárselo, como último favor, como el regalo de despedida hacia aquellas tardes infinitas de caricias y besos. No era una consideración para el Kerry completo, sino para el Kerry prestado que por un tiempo breve, había sido suyo.
 
Volvió a casa deseando que lo buscara y sabiendo que no lo haría, volvió a una soledad abrumadora, a un suelo oscuro y a una música estridente, volvió a su garganta desgarrada en canciones alegres que buscaban animarlo, pero no habían logrado tocarlo y levantarlo como antaño, solo darle una nostalgia absoluta de lo que había perdido. Volvió a espasmos incontrolables, a un cuerpo mojado de sudor frío y mejillas salinas y heladas. Volvió a cinco cajetillas de cigarro para la noche y dos por la mañana. Volvió a una vida sin Kerry, volvió a no escuchar tecno nunca más, pues era lo que oía cuando estaba con él, volvió a hundirse en la cama y dejarse allí.
 
Kerry pudo no entregarse, pero se había apropiado de él, no lo había notado ni querido, Pascal se había entregado queriendo ser suyo y había terminado siéndolo en su cabeza. Para al final ser de nadie, entregándose para no pertenecerse ni a sí mismo.
 
De esa cama no se había levantado el mismo Pascal, cambió el cabello y el maquillaje, pero el exterior no alcanzaba a expresar lo de dentro, era solo un espejo nublado por el vapor que empañaba una ventana en invierno. En esencia era el mismo, y probablemente siempre lo sería, pero se encontró agrietado y sangrante, caminando en puntillas por una vida que dolería al más mínimo golpe, una en la cual antes se había movido entre bailes y cantos, como cuando conoció a Kerry.
 

Y no cantaría ni bailaría. Ni ahora… ni en un buen tiempo.
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Re: Pascal

Mensaje por Khayrat el Vie Sep 20, 2013 2:19 am

Mi querido Laz:

La vida sube y baja. Un día vas a encontrarte sin sueños, se te habrán acabado en tu escalada o tal vez simplemente los olvides. No es malo, es algo que pasa, a mí me pasó antes de conocerte y creo que les ocurre a todos en algún punto de la vida. Sé que a ti aún no te ocurre, que  sigues andando entre los caminos pisando fuerte porque no te da miedo el ir sin cuidado, no te ha tocado aún mirarte al espejo una mañana y ver vacío.

Me gustaría detenerlo y que no te ocurra. Pero pasará.

Pasará una mañana, abrirás los ojos y te darás cuenta. Tal vez —como ahora— no esté en el costado de tu cama, tal vez nuestro último adiós haya sido, en ese momento, el aparentemente definitivo. Pero quiero que me recuerdes cuando se te acaben los sueños, quiero que pienses en mi nombre y, aunque no sea tan fácil como tomar el hombro que duerme en tu cama, me llames por teléfono… o me escribas, prometo revisar siempre.

Te debes preguntar por qué te digo esto, cuando diste la vuelta para seguir hacia donde tu familia indicaba donde debías ir. Te lo digo porque, no importa cómo terminó, lo que importa es lo que fue y si hay algo que sé, es que fue maravilloso, yo recogía mis pedazos y tú me ayudaste a recomponerme, a encontrar un camino, a seguir.

Laz, no voy a odiarte por hace lo que creías correcto, no voy a guardar rencor alguno porque eres demasiado parte de mí como para querer hacerlo, no deseo ensuciar lo que tengo de ti con odio. Pero quiero estar para ti, fuimos amigos y creo que seguiremos siéndolo en algún punto.

Así que encuéntrame cuando no tengas sueños, no voy a soñar por ti, pero construiré sueños nuevos contigo, me sumergiré en tu búsqueda como hiciste conmigo, me sentaré por horas a tu lado y te recordaré (porque lo habrás olvidado) lo mucho que parecía gustarte mirar el mar cuando había neblina, como si buscaras descubrir algo. Descansaremos con cine y nos miraremos con asco cuando tú no le pongas azúcar a tu café y yo le ponga cinco cucharadas.

Búscame Laz, no tendrás obligación alguna, no necesitaremos volver, seré tu amigo, tu compañero, seré lo que fuimos siempre debajo de los besos en las horas de complicidad. Así que… cuando la escalada termine, cuando te pierdas, cuando pares, cuando algo ocurra, cuando no comprendas…

No dejes de encontrarme.
Siempre voy a quererte
Pascal.


No solía mandar cartas, pero esa vez quiso que quedara escrito, que hubiera una prueba de su promesa, algo que la hiciera aún más real, pues él ya la sabía cierta. Selló el sobre y la envió a destino. Su destino.
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