Conectarse

Recuperar mi contraseña

Últimos temas
» Adios a Vaal
por Allen Vleck Miér Oct 11, 2017 4:59 am

» El silencio de Adhara
por Adhara Mar Jun 30, 2015 2:12 am

» Residencia Dumstone para jovencitos
por Diadema Miér Mayo 06, 2015 3:21 am

» Traumatología
por Dr. Hegel Lun Nov 24, 2014 12:56 am

» Uniones arregladas
por Fred III Jue Nov 06, 2014 5:55 pm

» Alemania antes de una boda
por Allen Vleck Lun Oct 27, 2014 2:38 am

» Hijos de asesinos
por Fred III Sáb Oct 25, 2014 6:59 pm

» La vida en Omsk tras los años dorados
por Mirzy-Lavy-Kiry Jue Oct 23, 2014 6:36 pm

» Mágica Londres
por Cain Dom Oct 05, 2014 6:06 am

» Revolución
por Vaalmir Mar Jul 22, 2014 3:59 am

» Imagenes sexys
por Vaalmir Lun Jul 21, 2014 6:14 pm

» El interior
por Vaalmir Lun Jul 21, 2014 12:43 am

» El Pacto de Granate
por Engel Spiegel Dom Jul 20, 2014 4:28 am


El silencio de Adhara

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

El silencio de Adhara

Mensaje por Adhara el Miér Mayo 06, 2015 7:22 pm

Adhara no sabe cómo nació, no sabe quiénes fueron sus padres, mucho menos quién lo abandonó en la sucia puerta de un orfanato. Aún tiene cicatrices en la espalda de aquel tiempo. Había sido abandonado en el peor lugar posible, donde creció víctima del miedo, donde todo lo que salía mal era su culpa. Allí empezó a desarrollar sus habilidades, cuando para limpiar descubrió que podía manejar el agua. Pero pronto descubrió que no era algo bueno, cuando el dueño del lugar lo vio haciendo eso, lo llevó a un salón y le dio azotes con su vara en la espalda, y desde ese día, cada vez que algo extraño ocurría en el orfanato, él era culpado y castigado.

Así fue como decidió escaparse, huyó de allí una noche y corrió a lo que le dieron las piernas. Fue así como lo encontró Diadema, él era un hombre muy diferente de su antiguo dueño de casa, pero aún así no podía solo confiar en él. Ya había visto lo que sus poderes causaban en la gente. Así que mantenía su magia lo más oculta que podía, y practicaba solo cuando nadie lo veía. Era un chico silencioso, como una sombra que se mueve en la oscuridad, siempre apareciendo de la nada.

Ayudaba en casa recolectando dinero, él se ponía en el parte, uno de los concurridos del centro, allí tarareaba canciones que con su magia llegaban a los transeúntes y hacían que quisieran darle dinero, él lo guardaba todo dentro de uno de sus guantes y cuando llegaba la hora de volver se lo ponía y metía la mano en su bolsillo. Ese día su canción había sido triste y melancólica y muchos se habían acercado a darle dinero, así que con el guante lleno lo metió en su bolsillo y volvió a la casa. Nunca se quedaba con nada del dinero que recaudaba. Volvió con pasos cortos, despacio, cansado del frío, pensando en calor y sintiendo como su ropa se entibiaba, eso estaba mucho mejor.

Cuando volvió a la casa sus mejillas estaban rojas de calor y sacó el guante de su bolsillo, dejándoselo a Diadema.

Allí está todo —le susurró con voz suave y se dio la vuelta esperando salir corriendo de allí y volver a su litera.
avatar
Adhara

Mensajes : 11
Fecha de inscripción : 06/05/2015

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El silencio de Adhara

Mensaje por Diadema el Jue Mayo 07, 2015 12:02 am

Adhara era, a sus ojos, un chico muy especial. Fue muy reticente a darle acogida cuando llegó, pero supo ver en él algo diferente a otros, porque junto a él llegó una extraña melancolía a las fuentes de agua, y los copos de nieve rodearon su blanco cabello como espíritus de lo oculto y lo impoluto.
Sus ojos tristes y perdidos no conocían la piedad, pero sí el dolor de la carne que endurecía el alma, y por eso no le habló con compasión o ternura la primera vez, le habló con dignidad, como la merece todo ser humano.
"Si sabes limpiar una chimenea y asear postigos, te puedes quedar." Y no hubo más, nada más, aunque dichas tareas eran de lo más común en esos lares, tanto como saber barrer, por lo que en verdad, la dureza de Diadema, era una pantalla.

Los muchachos formaban sus grupos, pero nadie competía con nadie, se criaban como una gran manada donde compartían cigarros a escondidas y jugaban a la pelota en el verano tibio del bosque. Se amuchaban sin espacio personal determinado cuando galopaba la curiosidad y sus desnudeces se paseaban por las habitaciones con cánticos, risotadas y bromas pesadas.
Los habia de todos, allí nadie estaba libre de alguna espina o un pecado, trabajaban duro y por eso no tenian tiempo ni energias para pelear, provocar, rivalizar o caer en malos vicios. Estaba Juno el de la cara fea, que era por entero hermoso y esbelto, con su cabello azabache y sus ojos claros, pero una quemadura devoraba casi todo su rostro como una tela mal cocida y arrugada. Era quien se ocupaba de la cocina y los platos mas que nada, quien no conseguía un verdadero trabajo debido a su rostro, quien cuando creía estar solo, movia los objetos a su voluntad y hacia entrar la brisa con hadas aturdidas en él.
Estaba Denis, que tenia cabellos rojizos y muchos tatuajes en su cuerpo.De muy niño cometió muchos errores y se entregó a las drogas, hoy su única preocupación es lavar coches en el centro, haga frio, nieve o calor. No habla mucho, porque  las drogas lo han hecho un muchacho despistado, de lento hablar y lento pensar. Pero a veces su mente viaja en verdad, y puede ver a través del agua y de los cristales, y a veces tiene un momento de iluminación y sabe las cosas antes de que pasen. Diadema dice que nunca podrá dejar el hogar, es demasiado tarde para él.

Nadie puede olvidar a Muffin, el chico gordito que mantiene los jardines limpios y prolijos cuando es posible. Llegó al hogar cuando era un niño, hoy es uno de los chicos mas grandes y mas amables. Cuando no hay tareas en el jardín, es quien lleva y trae a los mas jovenes al doctor o quien compra insumos en el centro. Lo persiguen las mariposas negras y violáceas en primavera, y bajo su cabello claro como sus ojos  hay signos que brillan con el Sol.
Para Diadema, que habia visto muchas Lunas oscurecer y muchos Otoños prevalecer, los corazones que pertenecían a Valhalla le eran tan sensibles como lo era la piel ante las gotas de la lluvia tibia.
Al hombre rubio de acento lejano no se le caía un halago o un mimo fácilmente, por no decir probable. Se contenia todo el tiempo, rara vez se mostraba alterado, en Diadema habia siempre calma y seguridad, todo el tiempo. Pero era un tutor presente, que sabia siempre leer en los ojos con tanta profundidad que parecía detectar las mentiras.
Siempre otorgaba la oportunidad de hablar y de opinar, pese a que supiera ya en donde habian estado  o qué habian hecho cada chico que tenia bajo su tutela. De este extraño hombre, se podian decir a veces cosas buenas, que nunca lo verían con zapatos nuevos antes que  a los muchachos, que no buscaba la riqueza, pues oportunidades no les habian faltado al hogar de jóvenes, oportunidades que Diadema rechazaba sin pensar.
Nunca preguntaba nada, no se sabia si porque no lo necesitaba o no le interesaba, pero a Diadema no parecía importarle quienes eran, de donde venían, si habían hecho cosas terribles en el pasado, si eran perseguidos, y mucho menos si tenian un nombre verdadero.
Y algo si se podia decir con seguridad, allí, cada uno tenia siempre cuatro comidas, una cama, y ropa, usada, semi nueva, nueva, pero siempre había. Cada uno tenia una taza, un plato, cubiertos, vasos, cada uno, por mas pequeño que fuese el espacio, tenia una pieza de aquel hogar para sí mismo.El baño era enorme con duchas individuales, y cuando era la hora de bañarse, debian hacerlos todos en el mismo horario, en el que Diadema bajaba hasta la caldera y avivaba el fuego.

-Espera Adhara.-
Dijo el hombre, a quie  nunca se le olvidaba un nombre, aunque hubiera en la actualidad, 150 chicos anotados en el libro de la entrada.
Dejo sus papeles de cuentas y  se masajeó el entrecejo, prendiendose los dos primeros botones de su saco largo y arcaico, de una tela que parecia negra pero brillaba azul. Sin girarse  se dirigió al muchacho en el mismo tono.
- Mañana tendrás que hacer por mi un trabajo nuevo. Deberás llevar un sobre con papeles importantes hasta el banco del centro. Se los entregarás a un hombre llamado Ivan Greendorf, a él y solo a él. És nuestro aliado y contador desde hace varios años, como lo fue su padre, solo él puede entender como nos manejamos aquí con las cuentas.
De ahora en más, vas a salir seguido del hogar para hacer de heraldo...- Y esas palabras le supieron a disgusto, porque en su rostro habia seriedad y un poco de inseguridad, como si lo que estuviera diciendo en verdad, era que el muchacho iba a ir a la guerra a un mundo desconocido y atroz. Suspiró apoyando su espalda en la silla.
-Me hago viejo Adhara, pronto tendré que enseñarles a cuidar de este lugar...-

En su rostro se vio algo poco común, preocupación, por los chicos, tal vez por el edificio, por todo.¿Qué sería de todos ellos sin un "adulto"?.
- Ve a recoger tu cena si todavia no comiste nada. ¿Te aseguraste de que nadie te siguiera? ¿En qué estado estan tus botas?.-
avatar
Diadema

Mensajes : 7
Fecha de inscripción : 06/05/2015

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El silencio de Adhara

Mensaje por Adhara el Jue Mayo 07, 2015 12:42 am

A Adhara no le gustaba mucho hablar, había perdido el deseo cuando en su antigua residencia cada cosa que decía le ganaba otro golpe. Por eso su rostro no mostró placer cuando le dijo que esperara, solo se detuvo y se volteó a verlo. La orden lo tomó por sorpresa ¿cómo iba a saber él quién era ese sujeto Iván Greendorf? Él nunca lo había visto, no tenía cómo saber si se los estaba entregando a él o a alguien más.

Está bien —respondió a su orden de que sería heraldo, no quería tener tantas responsabilidades importantes, le daba miedo arruinarlo y ser golpeado de nuevo. Lo siguiente fue una sorpresa, como si Diadema estuviera declarando su sentencia de muerte, apretó los labios y no dijo nada.

El día que Diadema muriera él se iría de allí, aunque aún tenía miedo, no podría quedarse, era una de aquellas cosas que sabía sin que nadie se las dijera, una verdad dentro de él, como el hecho mismo de que era diferente o que había sido abandonado. Solo lo sabía.

Nadie me siguió —aseguró y miró sus botas— están bien —respondió con las pocas palabras de siempre. Estaba por huir en serio, se volteó y fue hacia la puerta. Iba a decir algo, a preguntarle cómo reconocería a ese hombre... pero a último minuto decidió que lo haría el día siguiente. Así que salió corriendo hacia los dormitorios y se subió a la cama de arriba de su litera.

Se cubrió con las sábanas y cerró los ojos, esos eran los momentos en que se sentía más tranquilo. Cuando se tapaba hasta la cabeza y sentía que nadie lo observaba, o si lo observaban él no veía. Los otros chicos eran agradables pero siempre estaban llenos de preguntas o historias que él no sabía cómo responder, solo con Muffin hablaba un poco más, él siempre era amable, le había ayudado con su espalda, y le regalaba sonrisas. A diferencia de Diadema que —aunque bueno— siempre le daba fría seriedad.

Al día siguiente se bañó con todos y se vistió poniéndose uno de los chalecos viejos que tenía, le gustaba a pesar de la quemadura que tenía abajo en el borde, porque era celeste y daba mucho calor. Así que se puso eso y unos jeans oscuros. Unos guantes y bajó a comer. Luego de desayunar fue a buscar a Diadema. Lo miró silencioso como siempre.

¿Cómo sabré quién es Iván Greendorf? —le preguntó suave viendo el sobre encima de la mesa.
avatar
Adhara

Mensajes : 11
Fecha de inscripción : 06/05/2015

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El silencio de Adhara

Mensaje por Diadema el Jue Mayo 07, 2015 3:09 am

El almuerzo habia consistido en papas y carne, razón por la que el hombre huraño tenia aún restos de dicho estofado en su plato, en el mostrador de la entrada donde tenia los libros, grandes y hajados que guardaban los nombres de todos.
Sucedía que, cuando habia Sol en aquel recinto y los chicos salian a trabajar, la gran y vieja casona funcionaba como la cerrajería local, asi que de vez en cuando venian gentes, con o sin prisa, a buscar duplicado de sus llaves, o restauración, por más  viejas y destartaladas que estuvieran las llaves.
Pero a veces, como esa mañana, llegaba gente  que algunos rumores habia escuchado, gente de esas "extrañas" que desprendian ese mismo aura que el propio Casero, que algunos muchachos, gentes que parecían compartir una complicidad al mirar, que uno no sabia que era, pero que sentía.
Diadema siempre advertía a sus muchachos sobre esas personas,  siempre se inquietaba cuando las gentes extrañas llegaban y miraban de más a los muchachos, olisqueando la vulnerabilidad y la juventud.
- El señor Greendorf es ...- pero mientras hablaba sus ojos se desviaron hacia la gran puerta barroca, que  se abrió rechinando  para preceder  a un hombre bien parecido y una pareja acompañante.
Largo y fino era su cabello rojizo, como su barba candado de bigotes finos  y ojos almendrados.Con ese hombre llegó una poderosa tormenta de agua nieve, esa lluvia escarchada que no alcanza a hacerse copos. Las copas de vidrio, escasas en el mostrador , vibraron silbando musicalmente, como asi las ventanas se empañaron calcando arabescos de humedad. Si...era de ese tipo de gentes que hacen que Diadema se ponga muy serio.


-Saludos! Mi buen chamán de la caridad!- Dijo el hombre con jolgorio, sacándose el sombrero y haciendo una reverencia arlequinezca que provocó las risas de los acompañantes. Miróse las vigas desmejoradas y los suelos gastados mientras seguia hablándole a su señoría, que inmediatamente se acercó al mostrador.
- Siempre he admirado tu gusto por la humildad.¡Ay! Qué hermosas y exquisitas eran las fiestas en tus antiguas residencias viejo compañero!¿No extrañas esa vieja vida? Yo la disfruto todos los días...-
-En que puedo ayudarte.- Cortó el hombre mas joven en apariencia, tratando de tapar con sus espaldas a Adhara y a los jovenes chismosos junto al umbral de la cocina.
Su nombre, era Lord Scarlington, y era el conocido dueño de una cadena de hoteles en Dublin. No se le conocía residencia alguna, y de vez en cuando aparecía en Glassgow, alquilando castillos para grandes fiestas donde se decía, había "espectaculos" inigualables, con efectos especiales poco comunes. Otros rumores muy negros circulaban acerca de su vida libertina, leyendas urbanas acerca de sadismo y mitos sobre la tortura, cuentos que los padres les cuentan a sus hijas para que no se involucren con gente de esa calaña.
-Mi buen amigo. Estoy en busca de compañía para llevar a mi celebración en el castillo de Kensington, y recordé que tenias un pequeño y...pintoresco nido con bellas promesas jóvenes que buscan sustento.-
Y los ojos del hombre, sabian buscar con avidez lo que deseaba su dueño, y allí fue que descubrió la belleza de Adhara, oculta tras la sombra del mayor, imposibilitado de escapar hacia las escaleras si no era desfilando furtivo frente a los presentes.
Señaló al joven con su bastón de cabeza de serpiente dorada, con ojos de rubíes. La ambición y las ideas de inversión hicieron brillar sus libidinosos ojos, como tambien brillaron de gula al descubrir dos o tres cabezas asomadas en la escalera, piernas muy jovenes y pieles todavia sanas.
- No hay nada aquí para tí.-
-¡Sensatez y sapiensa! amigo- Exclamó jocoso el hombre, por supuesto prevenido a las negativas del extraño y feo hombre rubio.
-¡Mira este lugar! ¿Hace cuanto no le pones una buena alfombra a este pobre piso de parqué rechinante?. ¿Hace cuanto que tus niños ...o tú, no tienen ropas que al menos no huelan a polillas?.-Volvió a señalar a Adhara, y esta vez a sus piernas.
- O al menos buena comida. Querido y estimado, te pagaré a tí y a tus chicos ahora mismo.-
Y desembolsó, de su sombrero, como un ilusionista de la televisión, dinero prolijamente sujetado en fajas de calidad, más dinero del que ese hogar habia visto junto en muchos años.
Algunos de repente sintieron que sus vidas se podian convertir en bienes, y temieron por unos segundos, porque el dinero hacia falta, porque no les molestaría trabajar sirviendo mesas o acompañando el té a algunos caballeros, si era por aliviar las deudas del hogar, y de Diadema.
Pero al hombre no se le movió un músculo, y sus ojos no se salieron de los del otro hombre.
- Te has equivocado de lugar, Scarlington.- Dijo muy seguro de sí, poniendose una vez más en frente de Adhara.- Aquí yo vendo llaves, no ganado. Te recomiendo que abandones el recinto ya, la escarcha arruinará tu bello abrigo.-

-Eres muy egoísta Diadema.- Dijo aquel hombre, pronunciando el seudonimo con desprecio, como si fuera una vil mentira, observando a los jóvenes que no sabian si esconderse o seguir chusmeando.- Les ofrezco una oportunidad de tener un trabajo en serio, de ver maravillas, de conocer cosas verdaderas y de calidad. Mirad la verdad de aquí adentro: no tienen futuro mas que vivir en la miseria, ninguno de ustedes terminará jamás la escuela, tendrá un curriculum decente, muchos de ustedes jamás tendrán el privilegio de usar zapatos decentes.-
Lord Scarlington  hablaba con el rostro transformado en el de un niño al que le han negado sus juguetes y habla con rencor.- Estan aquí porque ninguno de ustedes vale más que un billete de estos!-
Y tomó el dinero, arrugandolo en sus manos enguantadas con rabia. Pero entonces Diadema desató su enojo, y las velas flamearon elevadas, derritiendo la cera hasta morir, y las lamparas se avivaron hasta calentar el vidrio grueso y grasoso que las contenia. La caldera rugió, y la casa rechinó.
- ¡Estan aquí para ser protegidos de gente como tú! ¡Infame serpiente!¡¡No oses hablarles, no oses mirarles si quiera, porque lo sabré y entonces no te quedarán ojos!!. LLévate todo tu dinero, llevate toda la porquería que solo sabes acumular, nuestra dignidad vale 100 veces más que tu fortuna mas preciada.
El trasto viejo que no vale un billete es tu persona.-
De sus labios salía una vigorosa voz que casi siempre estaba oculta, sus ojos chispeaban como el volcán, habia fuerza en ellos. Sus cabellos resplandecían brillantes y rubios como las trenzas que despejaban su rostro.
avatar
Diadema

Mensajes : 7
Fecha de inscripción : 06/05/2015

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El silencio de Adhara

Mensaje por Adhara el Jue Mayo 07, 2015 3:37 am

Adhara estaba atento a escuchar la descripción cuando un escalofrío le recorrió la espalda y de pronto se encontró escondiéndose tras de Diadema, ese hombre le desagradó desde el momento que cruzó el umbral. Su forma de mirar le recordaba al tipo que solía disfrutar golpeándolo. Cuando escuchó su protesta tenía tanto miedo de que Diadema dijera que sí, casi temblaba asustado, escondido tras su fuerte espalda, pero entonces aquel hombre lo vio y él sintió que sería vendido, vio todo ese dinero y el miedo se apoderó de él.

Pero Diadema se negó y aunque aún estaba asustado sintió que el alivio le recorría las venas, que no temblaba tanto, al menos hasta que Diadema se enfadó tanto y Adhara vio por primera vez de lo que era capaz, pudo sentir su magia inundando la habitación y lo miró sorprendido, no podía creer que él pudiera hacer esas cosas.

Aún así el hombre aún no se iba, encaprichado con ellos y Adhara tuvo miedo de nuevo, y sintió que la única forma en que ese hombre se iría era si lo asustaba tanto como Diadema y entonces lo miró fijo, lo mejor que Adhara controlaba eran el agua y el calor, así que de pronto el agua comenzó a salir de las paredes, de las ventanas, de la humedad como si tuviera vida, moviéndose como un río con voluntad se abalanzó sobre ese hombre y lo empapó por completo, pero el agua no era simple agua, él lo miró deseando que el agua se volviera caliente y así el agua que ahora empapaba a ese hombre se calentó al punto de casi quemarlo, lo escuchó quejarse, vapor salía de algunas partes de su ropa, mojada y horrorósamente caliente.

Llegó el momento del toque final, lo miró fijo y sin siquiera abrir los labios se escuchó en toda la habitación un fuerte:

¡Márchate! —y a pesar de que el sonido pareció retumbar se escuchó solo en las cabezas de los presentes. Él soltó un suspiro, cansado, con su mano aún arrugando la ropa de la espalda de Diadema, miró a aquel hombre con decisión hasta que se fue. Y entonces se dio cuenta de lo que había hecho y se apartó de Diadema, asustado de que él lo reprendería. Pero en lugar de pedir disculpas o justificarse (eso nunca funcionó en su antigua casa) solo agachó la cabeza apretando sus propias manos nervioso— yo... el señor Greendorf, aún no sé cómo es —dijo como si quisiera que lo que acababa de ocurrir pasara desapercibido.

Como si eso fuera posible en una casa como aquella, frente a un hombre como él.
avatar
Adhara

Mensajes : 11
Fecha de inscripción : 06/05/2015

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El silencio de Adhara

Mensaje por Diadema el Jue Mayo 07, 2015 12:47 pm

Diadema siempre habia esperado algo de Adhara, no sabia explicar qué tipo de cosa esperar, pero siempre estuvo espectante a que el joven revelara algo de sí. Mentiría si no dijera que estaba sorprendido, pero no era una sorpresa del todo inesperada, y cuando hubo terminado toda aquella manifestación, quedó un silencio pocas veces vivido en la casa.
Los muchachos dieron unos pasos en la escalera, haciendose presentes, y Diadema solo camino hasta el diván mas cercano, para sentarse y pasarse la mano por toda la cara, mirando a Adhara sin expresion de enfado o miedo, si no de un cierto alivio, pero sus ojos se desviaron a la muchedumbre puberta que tambien aguardaba una respuesta del mayor.
De pronto, Diadema se irguió y comprendio que todos los allí presentes estaban esperando una reacción de su parte, de reprobación o aceptación, o de indiferencia, o de regocijo.
- Creo que a estas alturas, es inútil negar la naturaleza de nuestra existencia.-
Sentenció en tono conciliador y tranquilo, pero eso no calmó las miradas ajenas. Juno fue el primero en apartarse y caminar tras Adhara, y Muffin trjao un vaso de agua al señor como excusa para acercarse y ver que los animos estuvieran bien, un vaso que Diadema rechazó amablemente.
-Los secretos se han terminado.- Dijo una vez más, mirandolos a todos, haciendo hincapié en Adhara pero no de manera insistente.- Nadie aquí, puede negar el tener alguna habilidad especial, no me mientais porque yo lo sé, sé muy bien que cada uno de ustedes, por mas pequeña o diferente que sea, tiene una habilidad mas allá de la comprensión normal, como Adhara. Esa habilidad es una de las razones por las que acepté acogeros, no para beneficiarme, si no para protegeros en verdad, porque temo que no sois los únicos, allá afuera, en un mundo clandestino, hay muchos como ustedes, grandes, viejos, niños, los hay buenos y los hay terribles.


La magia esta presente y vive bajo cada piedra, en edificios encantados de la noche, hay escuelas, hay poderosas familias. Temo que hay un mundo paralelo aún por descubrir afuera, y todos nosotros, los magos...llamamos a nuestra ciudad clandestina de magia..Valhalla.
Salen a la calle todo el tiempo niños, si miran bien, si buscan con especial atencion, encontrarán a Valhalla en cada baldosa de la calle. Pero tambien esta tan llena de peligros, con forma de Lord Scarlington o de lo que fuera, y frente a eso yo no podré protegeros, porque me hago viejo, y mi magia esta muriendo bajo toda esta carne.
Pronto, Valhalla será de ustedes, la defenderán, la harán crecer o la destruirán con sus maravillosos poderes, o Valhalla los devorará y los dejará en el anonimato. Como sea, este mundo será de ustedes y es importante que empiecen a adiestrarse con conciencia, en especial tú Adhara.-
Miró al muchacho sin juzgar.
- Creo que fue demasiado por hoy, hablaremos mas tarde.- Finalizó la conversación y retuvo a Adhara, apoyando una mano en su cabeza lisa y luego retirandola.
-Greendorf es un hombre de cabello rubio y ojos claros, muy joven y bien parecido, y su cubículo tiene su nombre en la puerta.-


Las demas gentes no se quedaron satisfechas con la explicación, pero en los cuartos la magia se desató, ahora que ya no habia que esconder las habilidades, todos ansiaban experimentar sin secretismo y compartir conocimientos, las conversaciones fluyeron como pocas veces y los objetos volaban de cama en cama, como tambien lo hacian algunos cuerpos. Llamaradas violáceas o azules de la boca de algun pillo y por su puesto, Mud ya podía traspasar las paredes sin tanto misterio.
avatar
Diadema

Mensajes : 7
Fecha de inscripción : 06/05/2015

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El silencio de Adhara

Mensaje por Adhara el Jue Mayo 07, 2015 5:15 pm

Y fue como si un mundo nuevo se abriera allí frente a sus ojos, de pronto todo lo que hacía era mirar a los demás, preguntándose cuál sería su habilidad. Había estado todo el tiempo compartiendo casa y hogar con chicos que eran igual que él. Y escuchó sobre el mundo, sobre Valhalla, y se preguntó por qué fue a él al que le hirieron la espalda, por qué fue él quien aceptó los golpes cuando todos allí tenían magia, como él.

El mundo era un lugar injusto y por lo que podía oír, también lo era Valhalla. Él tenía que aprender a protegerse, a ser más fuerte. Y ahora, ahora que todos tenían poderes, ahora él practicaría cada día, porque no iba a dejar que nadie lo lastimara de nuevo. De pronto su determinación fue muy diferente a la de antes, aún estaba asustado, pero estaba dispuesto a protegerse de lo que pudiera venir sobre él, o aquellos a quienes apreciaba.

Cuando todos se fueron él iba a hacerlo también, pensando que tal vez lo del recado había quedado olvidado, pero no fue así. Escuchó la descripción de Greendorf y tomó el sobre. Lo apretó entre sus brazos y lo escondió luego dentro de su chaqueta. Salió corriendo y fue directo hacia la dirección que le había dado Diadema, era un edificio grande y antiguo, subió las escaleras nervioso y vio en el listado de las oficinas el número, leyó el nombre de Greendorf y fue hasta allí. Nervioso tocó la puerta y hasta que escuchó un "pase" no entró. Tomó la manija de color dorado con nerviosismo y la giró para entrar al lugar, detrás del escritorio lucía un hombre rubio, joven y de ojos claros, tal como Diadema había dicho. Su presencia era imponente y él tragó duro sintiéndose algo nervioso.

Yo... a mí me envió Diadema —abrió su chaqueta y sacó el sobre, un poco arrugado por llevarlo contra su chaleco celeste favorito, quemado en la parte de bajo—Me mandó a traer esto —le dejó el sobre encima del escritorio— eso es todo, adiós —dijo volteando para irse tan rápido como había llegado. Pero ese no era el día de Adhara porque probablemente sería detenido, como había ocurrido antes.
avatar
Adhara

Mensajes : 11
Fecha de inscripción : 06/05/2015

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El silencio de Adhara

Mensaje por Ivan Greendorf el Sáb Mayo 09, 2015 3:28 am

Ivan tenia 25 años y una carrera administrativa y prometedora por delante. Su familia tenia campos y propiedades por todo Dublin, donde cultivaban vino y  algodón. Decían en la mesa d elos domingos, que Ivan habia heredado la belleza de su madre, Alexandría, y el caràcter noble y recto de su padre, Lucius. Un chico perfecto al que esperaban pronto ver casado y con familia, o al menos construyendo una vida propia.
Pocas novias se le conocían a Ivan, poco le duraban, para orgullo de sus padres que preferían creer que se debia a una rectitud y seria idea del compromiso, cuando la verdad era que Ivan era perfecto salvo por un detalle: era gay.
Sus primos lo sabían solamente, y lo llevaban tras borracheras hacia algun burdel para gente vip a encamarse con algun jovenzuelo, noches que Ivan prefería olvidar, teniendo que vivir su condición en clandestinidad. No habia magia alguna en él, pero conocía ese mundo de la mano de su madre, y sentía empatía por las personas que vivían de Valhalla, sentía lo que era tener que esconder la verdad sobre uno.
Diadema habia sido muy amigo de su padre, al punto de aparecer en fotos familiares, pero una incomprensible lejania y distanciamiento lo volvió un fantasma en la historia Greendorf, pero hasta entonces, fue  tutor de Ivan hasta sus 14 años, instruyendolo en economia, en quimica, fisica, arte, música...y magia.
Lucius siempre fue muy generoso con su amigo Diadema, y su hijo, Ivan, no era diferente. Trabajar en un banco le traía muchos beneficios y lo mejor era que podia ayudar a su antiguo maestro con su desvencijada propiedad.
Ivan sabia lo que allí se gestaba, pero rara vez asistía al hogar, prefería ayudando con las cuentas y la burocracia, para que lo que estaba oculto siguiera seguro en el anonimato. Y se dio cuenta de que llevaba mucho tiempo sin visitar el lugar cuando vio a aquel jovenzuelo entrar y dejar un recado en lugar de su maestro.
Vio su palidez angelical y su mirada tan típica de los niños de Diadema, perdída, huérfana, triste, humilde. Sus manos eran pequeñas y finas y su boca era dulcemente pequeña como la de un muñeco. Vio tanta belleza breve bajo esos ropajes gastados, que no alcanzó a hablar hasta que el susodicho tocó la puerta.
-¡Espera!- Exclamó carraspeando segundos despues, levantandose de su escritorio y asegurandose de no tirar ningun valioso papel al suelo.
-Es decir...aguarda un segundo, no te vayas...los papeles...estarán en unos minutos y los puedes llevar de nuevo.¿Quieres café?¿O un té tal vez?-
Aseguró a un metro de distancia del joven, acomodandose la corbata y el saco, estirando la mano con educación.- Soy Ivan, Greendorf...¿Diadema esta bien? ¿Le ocurrió algo?.-
Pregunto luego, ya que era el hombre el que asistía siempre a los tramites importantes.
avatar
Ivan Greendorf

Mensajes : 2
Fecha de inscripción : 08/05/2015

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El silencio de Adhara

Mensaje por Adhara el Sáb Mayo 09, 2015 9:05 pm

Y aquel hombre lo detiene y él se voltea nervioso a verlo porque piensa que tal vez llevó mal los papeles o algo así. Pero es otra cosa lo que ocurre y él lo piensa un momento, Diadema no le dijo nada de esperar los papeles, pero tal vez esperaba que Greendorf se lo dijera.

Está bien, esperaré —le dice con voz baja y lo mira, la verdad es que no tiene sed— estoy bien —dice y, como no lo invita a sentarse, se queda de pie junto al escritorio. Escucha su pregunta y medita un momento su respuesta, no sabe qué será adecuado decirle a ese hombre, pero recuerda que Diadema le dijo que era de confianza, así que suelta un pequeño suspiro y empieza a hablar— Diadema dijo que debería empezar a hacer de heraldo más seguido. No ha dicho que le ocurra algo en específico pero sí ha hablado de que está viejo, que sus huesos están cansados y que no estará con nosotros siempre —contestó con voz informativa porque no recordaba nada más que Diadema hubiera mencionado.

Se queda en silencio de nuevo, Adhara nunca sabe qué decir... mira esa oficina, ordenada, con libros en los estantes... no parece haber mucho polvo en ellos lo que significaba que aquel hombre los leía. Vuelve entonces la mirada hacia él, lo mira de reojo, es un sujeto más joven de lo que pensó, cuando Diadema le dijo que era joven y atractivo pensó que sería eso bajo los parámetros de Diadema... lo que sería seguramente un tipo de muchos años con un dejo de atractivo. Pero ese hombre realmente lucía agradable a los ojos... y amable.  Le hizo sonreír un poco, sintiéndose más confiado.

Lamento si fui brusco al querer irme —le dijo con sinceridad y luego volvió a agachar la cabeza y volvió a su silencio también.
avatar
Adhara

Mensajes : 11
Fecha de inscripción : 06/05/2015

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El silencio de Adhara

Mensaje por Ivan Greendorf el Lun Mayo 11, 2015 9:42 pm

Ivan firmó los papeles con su propia pluma y selló las hojas dos veces cada una con sellos grandes y pesados de colores verde y azul. Su mano fina y diestra no conocía trabajo mas forzado que el de la caligrafía frenética, pero eran venosas y grandes, blancas y tibias.

Sonrió con afirmación al escuchar que Diadema se quejaba de su vejez, y comprendía un poco mejor la presencia de el muchacho allí. No habian sido presentados, de manera que, tras terminar con los papeles y comprobar que la letra se hubo  secado, le entregó todo al chico en mano y trató una vez mas de mirarlo a los ojos.


-Soy Ivan Greendorf...descuida no hay problema, la gente siempre quiere huir del banco lo mas rápido posible jaja...perdona, no he escuchado tu nombre.-


Le dijo en el tono mas amable que encontró, sintiendo la cercanía y los aromas que se mezclaban de ambos y se impregnaban. Él era una joya austral perdida bajo toda esa ropa humilde, el aroma a jabón de lavandas barato se entremezclaba y cubría el genuino olor de su piel, pero su cabello apenas si brillaba, y cuantos lujos merecería aquel muchacho siendo su belleza inigualable, merecerlos cuanto más que algunos que nada de lindura tenían en sus caras.

¿Porqué había dejado de ir al hogar? de haber continuado sus visitas habría conocido al bello albino desde un principio, lo habría acompañado, él lo habría conocido fuera del banco, tenia tantas facetas de su carácter que mostrarle...
Una vez mas el destino le recordaba en donde estaba su lugar, cerca de las causas nobles de su padre, donde al parecer llegaban personas especiales que quizás estaban destinadas a ser conocidas por él.
avatar
Ivan Greendorf

Mensajes : 2
Fecha de inscripción : 08/05/2015

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El silencio de Adhara

Mensaje por Adhara el Miér Mayo 13, 2015 3:44 am

Lo observó trabajar, concentrado, moviendo su mano con una cierta elegancia que sabía que él mismo no tenía. Cuando finalmente le entregó los papeles él se sorprendió, no le había dicho su nombre, era tan torpe. Miró sus ojos sintiéndose avergonzado, sintiendo como algo de rubor inundaba sus pálidas mejillas.

Adhara, mi nombre es Adhara, no tengo apellido —y si lo tenía, lo desconocía por completo. Ivan estaba cerca y él sentía su calor, su presencia imponente, su aroma a un hombre trabajador y bien pagado, olía como los hombres respetables que se detenían a dejarle dinero cuando cantaba en el parque.

Abrazó los papeles y los metió dentro de su ropa, cerró su chaqueta y lo miró, sus largas pestañas enmarcaban sus ojos curiosos y avergonzados.

Gracias por todo, le diré a Diadema que ha preguntado por él —le dijo tratando de ser cortés y buscando dentro de sí los modales que se suponía debía tener, se sentía un poco fuera de lugar junto a Ivan, él tan formal y tan correcto le hacía sentir que era demasiado torpe y que no hacía las cosas del modo correcto. Fue hacia la puerta y se volteó antes de abrirla— nos vemos.

Le dijo finalmente y luego salió de allí, salió del banco y se fue hacia la calle, cuando llegó allí echó a correr de vuelta al hogar, corrió acelerado como siempre y una vez allí fue hacia la oficina de Diadema, tocó la puerta y cuando le dejó entrar pasó despacio y sacó los papeles, Diadema lucía concentrado en algo pero era difícil saber el qué.

Aquí están los papeles —le dijo— El señor Greendorf los revisó todos y luego me los entregó, también preguntó por usted y le dije que había estado hablando de su edad, espero no estuviera mal —agacha la cabeza, en realidad solo había dicho la verdad— ¿necesita algo más? —Adhara siempre se sentía mejor cuando hacía algo útil.
avatar
Adhara

Mensajes : 11
Fecha de inscripción : 06/05/2015

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El silencio de Adhara

Mensaje por Diadema el Lun Mayo 18, 2015 8:37 pm

El repimpineo metálico y oxidado se aclaraba la voz, carraspeando paupérrimamente desde sus engranajes pequeños al abrirsele la tapa en forma perfecta de corazón de plata, casi negra por no ser bien lustrada.
Danzaban las notas sobre la mesa mientras los ojos siempre claros del hombre maduro miraban, o tal vez solo descansaban mientras su retina imaginaba.  Sus manos eran tersas y delgadas la primera vez que sostuvo ese colgante. Uñas cortas y blancas, yemas rosadas con algunas callosidades, manos de hombre joven y trabajador.
Supo vislumbrar su cabello siempre dorado y perfecto ondear junto a otra cabellera color almendra, descansar su hombro en otro con un amor contenido, como las miradas furtivas de colores dispares. Era tan apuesto de joven...que siempre fue un partido soñado para el matrimonio, las reposteras decían que los muñecos de los pasteles se hacian basados en su apariencia. Reía mucho , su risa era contagiosa y popular, imitable, parodiable.
Pero atrás quedó todo aquello, las majestuosas cenas, las fiestas de gala con perfumes de vetiver en el cuello, los viajes a cielos estrellados infinitamente, y el amor. El amor quedó atrás y se llevó su corazón. No hubo jamás algun sentimiento que le invadiera las venas otra vez, ni ojos que le enredaran los hilos del alma como aquellos. No hubo voz alguna que lo hiciera sentirse tan vivo, ni canción que obligara a sus pies a sacudirse y bailar al compás.
Se hizo viejo antes de cumplir 30, se despojó de todo lo que le recordara aquel mundo frío y supérfluo sin amor, y se abandonó en la cueva del submundo, y la luz del Sol no volvió a entibiar su rostro, ni su corazón.
Pero de vez en cuando, se reencontraba con el relicario musical, y los recuerdos  emergían  como fantasmas para provocarle añoranza y melancolía. Se tocó el rostro donde habia piel algo barbuda y áspera, recordando que fue tersa y besable alguna vez. Suspiró al verse así mismo acabado y solitario, y finalmente se giró para comunicarle al joven Adhara que lo habia visto llegar y lo habia escuchado, que no estaba en otro lado que no fuera esa realidad inmediata.
-Esta bien Adhara, gracias. Ve a recoger tu cena en la cocina y luego ve a dormir si quieres.- Se levantó de su sillón, sacudiendose las ropas y guardando el relicario en un cajón.- Hoy fue un día de muchas verdades, dudo que alguno de los chicos duerma tranquilo, así que por eso te digo, si quieres ve a dormir, o ve a la biblioteca. Entraron libros nuevos, aportes del generoso señor Greendorf...-


En efecto, los chicos andaban medio revolucionados, pero como muchos otros querian dormir (eran 150) estaban mudando sus almohadas para hacer campamento en el abandonado ático.
avatar
Diadema

Mensajes : 7
Fecha de inscripción : 06/05/2015

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El silencio de Adhara

Mensaje por Adhara el Mar Mayo 19, 2015 2:12 am

Adhara no tenía idea de que Diadema estaba perdido en un mundo de recuerdos y nostalgia, solo se quedó allí, esperando y escuchando lo que tenía que responderle, y asiente pensando en ir a la biblioteca a ver los libros que habrá mandado el señor Greendorf que al parecer es aún más amable de lo que él creía. Sonrió, diciéndose que si lo volvía a ver sería más amable de lo que había sido.

Subía las escaleras y decidió no ir a la biblioteca, se sentía cansado lo mejor era dormir. Así que se fue a la cama, subió a su litera y se cubrió con las mantas y cerró los ojos. Pronto se encontró en un mundo de sueños y fantasías, donde todo en la calle eran sonrisas, donde Diadema no sufría de nostalgia y a él nadie lo miraba feo por usar su roído suéter favorito. A veces los sueños son así de simples y solo tratan de suéteres, tal vez porque tiene toda la vida por delante, tal vez porque es muy joven y aún no tiene otras cosas que soñar.

Y cuando despierta por la mañana se levanta y lo primero que hace es ir a tomar una ducha, siempre toman las duchas juntos por la caldera pero a él no le molesta el agua helada, así que se limpia y luego va a ayudar a poner la mesa en el comedor. Las mañanas siempre son caóticas allí. Él siempre se mantiene silencioso e invisible, aunque varios de los chicos le habían preguntado por sus poderes, él solo había dado respuestas cortas, no sabía muy bien qué decir sobre todo eso, era demasiado extraño solo hablar de algo que había temido mostrar tanto tiempo por el miedo a que lo castigaran.

Cuando la comida terminó él entró a la oficina de Diadema no sin antes tocar la puerta.

¿Quiere usted que haga de mensajero hoy o simplemente voy al parque? —le preguntó dudoso— quisiera saberlo...
avatar
Adhara

Mensajes : 11
Fecha de inscripción : 06/05/2015

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El silencio de Adhara

Mensaje por Diadema el Vie Mayo 29, 2015 2:53 am

-No, no iras al parque, ni a entregar mensajes.-
Adelantó el hombre, avanzando repentinamente hacia un estante y sacando de allí un sobre cerrado color negro, con un sello dorado que mantenía el sobre cerrado. Había estado meditando mucho sobre los muchachos y sus poderes, y comprendía que se había aventurado a volverse visible para gente tal vez…equivocada.
Los poderes de Adhara estaban apenas saliendo a la luz, y ya se denotaban grandes e incontrolables, como lo era el agua misma, indómita, emocional, inmensa. Debían ser pulidos y manejados con habilidad y destreza, o al jovencillo sólo le esperaría un futuro sombrío lleno de caos y marginación.
-He decidido que tú y otros muchachos comenzarán a entrenar sus poderes, a hacerse de la profesión de hechiceros.-
Comentó entregándole a Adhara el sobre y caminando alrededor, ordenando el lugar, dejando los químicos en sus respectivos sitios y también los artefactos.
-No con el mismo maestro, para ti tengo una persona especial. Como sabrán, algunos de ustedes tienen habilidades que van más allá de hacer aparecer mariposas de colores…-
Y esta vez se dirigió a él de frente, mirándole a los ojos si es que se los encontraba, pues el muchacho era muy tímido.- Tienes un gran poder, y me enorgullece ver que aún en estos días, halla personas que todavía guardan la verdadera magia en su interior, pero no puedes dejar ese gran poder en mano de tus emociones Adhara, porque podría esperarte una vida muy infeliz, podrías ponerte en peligro a ti, y a los tuyos.
No es un camino fácil, al día de hoy y a mi edad, sigo aprendiendo cosas nuevas acerca de mi propia fuerza, pero tu eres joven, inteligente, tu fluyes…-
Y apoyó sus pesadas manos en los hombros del chico, y miró hacia arriba, a su coronilla, a su aura, y al cielo, suspirando como si la paz o la nostalgia anegaran su pecho y voz.
-Sabía que eras especial desde que llegaste, mi cuerpo lo sabía, pero mi mente no sabía por qué. Me recordaste a mi de joven, en muchos aspectos, sólo que yo tardé muchos años en encontrar a un buen maestro. Ahora te doy esta oportunidad, para que empieces a rodar por el mundo que te ha visto crecer y el mundo que te espera.
Le llevarás este sobre a un muchacho llamado Koré, que vive en la fábrica abandonada de textiles, al norte de la ciudad. Probablemente nunca hayas visitado esa zona, la transitan gentes con tus habilidades, pero no son igual de amistosas que nosotros, yo confió en tu capacidad de moverte como si fueras invisible Adhara.-

Dijo con seguridad y firmeza, con temple pues no dudaba del chico y pretendía transmitirle seguridad, porque iba a necesitarla.
-Kore no es una persona amigable, es mas bien solitaria y tosca, se rehusará a entrenarte, y por eso debes entregarle esta carta de parte mía. No te asustes de él, no te hará daño, él te enseñará a ser fuerte…y procura volver antes de las 22 hs. Si no estas aquí para esa hora, mandare a algunos de los muchachos a buscarte.
¿Has entendido pequeño Adhara?-





avatar
Diadema

Mensajes : 7
Fecha de inscripción : 06/05/2015

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El silencio de Adhara

Mensaje por Adhara el Sáb Mayo 30, 2015 3:03 am

La primera afirmación lo dejó congelado en su lugar, lo sintió brusco, no sabía bien qué responder a aquello, pero no tuvo que preguntar porque Diadema, como siempre, siguió hablando, explicando lo que haría ese día. La idea de entrar se le hacía atractiva, alguien que pudiera enseñarle sonaba bien, tomó el sobre que le entregó mientras sus ojos seguían sus movimientos por la habitación, Adhara en cambio se mantenía quieto como estatua, igual que siempre. Cuando lo miró a los ojos, refiriéndose a sus poderes, algo en él lo obligó a encogerse en su lugar, había sido tanto tiempo escuchando que sus poderes eran malos, que saber que eran más poderosos y combinados con esa mirada, lo hacían sentirse intimidado. Aún cundo Diadema dijo que se enorgullecía, pero también tuvo miedo cuando dijo que podría correr peligro. Lo miró a los ojos cuando afirmó las manos en él, apretando la carta contra su propio pecho.

Kore. La fábrica de textiles. Invisible. Anotó toda esa información mentalmente, pero cundo le dice que es alguien solitario y tosco, que lo rechazaría, algo de miedo se siembra dentro de él. Quiere sentirse fuerte porque Diadema cree en él, pero el fantasma de los castigos de su pasado aún habita dentro de él y le aterra la idea de ser rechazado y castigado por un maestro severo. Asintió a todo lo demás, la hora, la carta.

Entiendo, volveré antes de las diez a casa —se apartó un paso, yendo hacia la puerta dispuesto a salir de allí. Pero a último momento se volteó a ver a Diadema, como si creyera que no lo volvería a ver o algo así— gracias por esta oportunidad Diadema, siempre has sido muy bueno conmigo —y lo agradecía sinceramente.

Consideró que esas ya eran muchas palabras así que salió corriendo de allí hacia la calle. La fábrica abandonada de textiles. Ese era su objetivo, estaba del otro lado de la ciudad, hacia el norte. Echó a correr, y mientras más se internaba en esa zona de la ciudad, más sentía la necesidad de bajar la velocidad, cuando estaba más cerca solo caminaba, era como tener mil ojos sobre él, se sentía observado, diferente, como alguien completamente gris en un cuadro lleno de colores vivos y radiantes. Se encogió y se concentró en ser invisible, en mezclarse con el ambiente, no con las personas, sino con las cosas, parecía difícil verlo y distinguirlo de la calle, de un arbusto, de un basurero, se mimetizaba con todo. Finalmente llegó a la fábrica abandonada de textiles, una vez allí entró por una ventana, dentro todo parecía... pues abandonado. Comenzó a caminar, mirando a todos lados, buscando a una persona, a quien fuera, adentrándose más y más en aquel lugar, aterrándose un poco por lo vacío que parecía estar todo.

Entonces lo sintió.

No podía mover su cuerpo, su presencia era tan potente que sentía que las extremidades no le respondían, vio una figura acercarse, quería hablar pero no podía, no le salían las palabras, abrió los labios como pudo y entonces vio a aquel hombre, alto, fuerte, con una máscara en el rostro, su cuerpo aún parecía negarse a responderle, su poder era tan abrumador... era como debía sentirse una hormiga frente a un oso hormiguero, aquel hombre podía matarlo, él no era nada al lado de él, estaba a otro nivel, no sacaba nada de huir, de rogar, podía aplastarlo, comerlo... lo que deseara y su vida acabaría.

Soy Adhara —logró hablar, a pesar de sentirse oprimido, obligó a su brazo a moverse, y lo estiró hacia él con el sobre— Diadema me envió señor Kore, quiere que usted me entrene —le dijo lo más educado que pudo sonar. Usando toda su fuerza de voluntad logró dar dos pasos hacia él, aún con la carta extendida, a una distancia que él podía alcanzar— por favor acépteme —pidió mirando a su máscara, con tantas preguntas en la cabeza, pero sobretodo, deseando que Kore le enseñara, porque de pronto quería aprender de él. Quería ser el discípulo de aquel hombre impresionante y magnífico.
avatar
Adhara

Mensajes : 11
Fecha de inscripción : 06/05/2015

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El silencio de Adhara

Mensaje por El Gran Kore el Lun Jun 08, 2015 3:23 am

Tomo la carta y con una sola mano abrió el sello, desdoblando el fino papel que contenía, impregnándose su mano del aroma a hogar que venía siempre en el cabello de Diadema, donde su letra apresurada e imponente traía consigo las risas de los chicos que allí habitaban.
Estuvo allí inmóvil unos minutos en los que tardo en leer la carta, aunque el movimiento de sus ojos era imposible de percibir, porque la máscara encantada tenia espejos en un lado de la faz y había vacío en las cuencas, porque estaba hechizada claro, porque era más anónimo que el dueño del aire, que la estrella mas lejana o que el frío de la madrugada.
Koré arrugó la carta hasta hacerla un bollito y la arrojo en la oscuridad, quédose parado frente al muchacho pequeño y extraño que ante sus ojos pedía ser entrenado.

-¿Y para qué vas a entrenar? ¿Con qué objetivo?- Cuestionó su limpia y clara voz en el abismo imperecedero de aquel recinto derruído y escabroso, donde las ventanas estaban desnudas y frías, dejando entrar la luz de la nocturnidad, donde las estructuras y maquinarias se acumulaban y teñían de colores melancólicos el pasar de los habitantes furtivos.
- ¿Qué motivación tienes que sea tan fuerte? Qué te levantará del suelo inmundo todos los días en donde dormirás excluído del mundo? ¿Qué te motivará a desprenderte de toda esta mugre en la que los demás te obligarán a vivir siempre que tengan oportunidad?. ¿Qué te motivará a limpiar las bajezas que te rodean si eres tan invisible e indeseable en tu entorno como cualquier otra rata?.
¿Qué motivación tan poderosa te hará ser fuerte y crecer? Porque en mi no vas a encontrar la salvación, yo no seré tu boleto al mundo justo con el que tanto soñamos. El mundo justo no existe, sólo existimos los que lo construimos o destruímos. Lo que yo puedo darte es la oportunidad de ser mas fuerte.
Porque este mundo va a derribarte, va a desnudarte y sacar cada parte de ti, va a reducirte a la nada. Aquí este mundo va a devorarte y a quitarte el derecho a existir o a ser feliz siquiera.
Aquí y ahora, sacarás lo necesario para limpiar esta pocilga de toda la basura y la inmundicia, arrasarás este lugar con lo que sea que habite en tu interior, que según Adhara es enorme e implacable.
Muestra ahora quien eres, lo que quieres y busca tu motivación, o vete y no vuelvas nunca más.-
avatar
El Gran Kore

Mensajes : 2
Fecha de inscripción : 06/05/2015

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El silencio de Adhara

Mensaje por Adhara el Lun Jun 08, 2015 4:17 am

Y el silencio se le hizo eterno, tenía algo de miedo por no poder ver las expresiones de aquel hombre tras la máscara, y aquella inseguridad aumentó cuando vio como arrugaba el papel y lo arrojaba lejos. Su voz fue grave y profunda, como si viniera de algún lugar en la ultratumba, las preguntas le llegaron de sorpresa, Diadema le había dicho que debía controlar sus poderes, que así no lastimaría a nadie, pero no alcanzó a abrir los labios para responder cuando aquel hombre había seguido hablando.

Escuchó todas las cosas que ya sabía, que el mundo era injusto y que siempre lo sería, escuchó oprimido por su imponente presencia, por su voz, por los ojos que no podía ver, por las cuencas oscuras y vacías de aquella máscara. Y cuando le tocó hablar las palabras salieron de su boca.

Yo no quiero un mundo perfecto, solo quiero uno donde pueda vivir, quiero ser fuerte, porque no quiero que nadie vuelva a hacerme daño —no como aquel daño que le habían hecho antes, aquel que aún tenía marcas en su piel— quiero saber mis poderes para no dañar a nadie que me importe extendió los brazos hacia los lados y el agua comenzó a salir del suelo, de quién sabe dónde, comenzó a crear olas en el suelo que se movían con fuerza contra las cosas, sucias y roídas, acumulando toda la mugre de aquel lugar— no quiero que nadie pueda lastimarme a mí... o a quienes quiero, quiero ser fuerte, quiero defenderme y... quiero vivir —el agua comenzó a calentarse contra los objetos que habían soltado grasa, limpiándolo todo, aún violento y fuerte, moviendo las aguas con sus ojos acuosos también por la emoción y el cansancio de usar su magia de ese modo y por hablar tanto. Movió los brazos hacia una esquina y toda el agua se acumuló allí, arrastrando la mugre consigo, y luego el agua fue hundiéndose en el suelo y en todas partes de nuevo, hasta desaparecer, su violencia se fue calmando y él miró aquellas cuencas oscuras de la máscara, sus brazos cayeron cansados, su trabajo obviamente no había sido perfecto pues no había hecho algo así nunca, su voz salió rasposa y cansada— quiero vivir de verdad... poder vivir una vida donde pueda ser libre, vivir... cada día y no... no sobrevivir cada día —porque no era lo mismo sobrevivir que vivir, y él había estado sobreviviendo tanto tiempo, quería vivir de verdad, quería la oportunidad de ser... él mismo.
avatar
Adhara

Mensajes : 11
Fecha de inscripción : 06/05/2015

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El silencio de Adhara

Mensaje por El Gran Kore el Mar Jun 23, 2015 1:18 am

Y la majestuosidad del poder de Adhara se hizo presente, y la potente marea de sus emociones más recónditas inundó cada rincón de aquel recinto oscuro y escabroso, se despejaron las tinieblas abismales y los olores fétidos, se calmó el barullo de las sombras y entró la luz pálida de la Luna.
El agua y el llanto reinaron, porque goteaban las cumbres y los hierros, y parecía que aquel lugar depresivo se hundiría en la tristeza con el joven hechicero que yacía en el suelo, con su cabello blanco refulgente.
El Gran Kore se acercó pero no se paró ante él con superioridad, si no con curiosidad, mientras sus manos se movían en el aire y sus pies trazaban círculos, alimentando una humareda blanca que reptó por el suelo y se expandió por el lugar, como marionetas de los hábiles dedos del mayor, y el suelo se cubrió de una fina capa de hielo, y  el vapor helado congelo cada rastro de humedad dejada por Adhara, cuando las gotas que titilaban se hicieron collares brillantes de perlas. Y la oscuridad goteante se volvió un palacio de hielo blanco y cristalino, donde ellos podían reflejarse como fantasmas blanquecinos.
-Contempla ahora, toda tu magia detenida en el tiempo. Puedes hacer esto y mucho más, nunca lo olvides, no lo olvides ahora que lo necesitas.- Dijo Kore, extendiendo su mano para tomar el antebrazo de Adhara y levantarlo rápidamente del suelo.

-Ven mañana al amanecer a este mismo lugar, prepara tu cuerpo y tu mente. Muchas veces vas a sentir que no puedes más, que vas a morir, muchas veces vas a detestarme o a querer matarme, pero no has venido a ser mi amigo o mi compañero, has venido a superarlo todo.
Te llevaré a tus límites o te mataré en el intento. Ahora vuelve a tu casa, abraza a los tuyos, come bien, retoza en tu cómoda cama y caliéntate junto al fuego, a partir de ahora vivirás cada día de entrenamiento como si fuera el último dia de tu vida.
Vete.-

Dijo Kore y se alejó, dándole la espalda al joven y esfumándose rápidamente como si sólo hubiese sido el deirio de algún Astro durmiente.
avatar
El Gran Kore

Mensajes : 2
Fecha de inscripción : 06/05/2015

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El silencio de Adhara

Mensaje por Adhara el Miér Jun 24, 2015 3:13 am

Y entonces se hizo la calma. La quietud arrasó con su magia detenida, sus ojos no sabían dónde mirar, eran como los de un niño que encuentra por primera vez un arcoíris, de un lado a otro preguntándose si es un sueño, si desaparecería. Se afirmó de él cuando lo levantó del suelo, su contacto era firme, helado, de algún modo contrario e igual al suyo. Asiente aún intimidado por su presencia y lo ve desaparecer como la presencia etérea que es, no tiene miedo de morir, tiene más miedo de no intentar vivir, si muere, al menos que haya sido intentando.

Sale corriendo de allí, la noche comienza a caer oscura y prometió que volvería antes de las diez, debe salir rápido de allí pues por esas calles reinan los pecados y no quiere ser arrastrado a uno de ellos. Así que corre con todas sus fuerzas, esquiva personas como si de obstáculos en una carrera se tratasen, corre como si lo persiguiera la policía. Corre para quitarse la emoción, para volver a sentirse él mismo, para sentir la sangre corriendo por sus venas, para recordarse como es, como siempre ha sido, corre para llegar a casa.

Una vez allí se presenta frente a Diadema para avisarle de su nueva actividad. Para decirle que ha llegado y lo que estará haciendo de ahora en adelante.

He de regresar mañana al amanecer, así que saldré de aquí antes de que el sol salga y no sé cuándo volveré, tal vez cuando se haya ido, me disculpo por las inconveniencias que mi ausencia pueda causar —se inclina en una forma de respeto, su cabello blanco cae hacia adelante como dos cortinas al rededor de sus mejillas, luego se vuelve a erguir y lo mira, con ojos más decididos que nunca— Koré ha dicho que me entrenará hasta los límites, si no regreso... —si necesitaba morir para alcanzar sus límites, si necesitaba morir para romperlos y superarse... pues moriría digno. Trató de dejar su timidez de lado— es que no he sido lo suficientemente fuerte.

Aún tenía miedo, eso no se había ido, pero no ha morir, a caer en el olvido, a ser lastimado, a no ser lo suficientemente fuerte... pero no podría vivir si se aferraba a sus miedos, porque los miedos te mantienen vivo, pero no te dejan vivir. Aún asustado, aún sintiendo que quería esconder su rostro justo en ese momento, aún así, trataría de ser valiente.

Esperaba poder lograrlo.
avatar
Adhara

Mensajes : 11
Fecha de inscripción : 06/05/2015

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El silencio de Adhara

Mensaje por Diadema el Lun Jun 29, 2015 1:38 am

Diadema había estado preocupado por la ausencia de Adhara, hasta que lo vio llegar con esa decisión en su voz y ese temple en su mirada, que nunca antes había tenido el placer de conocer. Sabía que no se equivocaba al haberlo mandado con aquel personaje, pero nunca pecaba de orgulloso  siempre dejaba algo de sí para la duda, pero se regocijó con las noticias y sonrió al muchacho con beneplácito.
-Aquí vamos a estar todos bien Adhara, tu haz lo que tengas que hacer, que aquí te esperaremos los de siempre.-
Le dijo pasando de él y depositándole una pesada mano en el hombro.- Siempre.- Remarcó seguro caminando renqueante hacia las escaleras, pues ya era su hora de dormir, y sus pasos apesadumbrados comenzaron la lenta ascensión mientras se arrastraban las capas de ropas del mayor.
La luz de la luna entraba por varias ventanas pequeñas y la miseria seguía decorando y refundando el hogar como siempre, pero hoy todo lucía entrañable y pacífico, como si a partir de ese momento, una nube de optimismo se posase sobre todos e hiciera que, de ahora en mas, las cosas no parecieran tan terribles como antes.
En las habitaciones, algunos de los chicos se habían estado reuniendo a escondidas para estar al tanto de las buenas nuevas sobre Adhara, a quien consideraban de lejos, el más lindo y también el más poderoso de todos allí. Pese a que el tierno muchacho nunca había  pronunciado palabra, buena o mala, jamás había causado problemas o conversado amenamente, desde que Diadema les hubiese inculcado a todos que eran mas valiosos que el dinero, el amor había tocado sus corazones y los había llenado de esperanzas, y habían comprendido que la envidia y la dejadez no los salvarían de ningún desafortunado destino.
Como se la pasaron en el hogar, estaban al tanto de una visita muy importante que asistiría en la mañana del día siguiente, una visita de momento anónima  que había traído cajas enormes con donaciones  de todo tipo. Los cinco muchachos que mas interactuaban con Adhara habían organizado y repartido los viveres e indumentaria, y esperaron a  que el jovenzuelo subiera a las habitaciones, para sorprenderlo todos de pie y ansiosos de su presencia.
Uno de ellos fue empujado al frente, “ Frigg” , de cabellos rubios a los hombros, ondulados en sus mejores días, que apunto sus ojos grises a Adhara con las manos escondidas tras la espalda, carraspeó mirando a sus compañeros.
-Oye mudo…- comenzó restregándose un poco la nariz, en las habitaciones aún estaba frío.- Hoy llego ropa nueva, y decidimos entre todos que esto debería ser para ti.-
Le dio entonces un chaleco color cielo, de una tela polar suave y que no tenía ninguna mancha o quemadura, y cuyos extremos estaban cocidos con pliegues para ajustarse y no caer de manera harapienta. No tenía mucho olor a usado, sino más bien a jabón de lavandería y almizcle.
Tal vez haya sido de una dama y por eso se notaba bien cuidado o un poco estirado en el pecho, pero en el hogar hacía mucho tiempo que nadie se fijaba en si la ropa sería de un género u otro, lo importante, era que se trataba de ropa.
-Pensamos que ahora que pasarás mucho tiempo afuera y viendo a gente nueva, necesitabas una ropa un poco más cuidada…-
avatar
Diadema

Mensajes : 7
Fecha de inscripción : 06/05/2015

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El silencio de Adhara

Mensaje por Adhara el Mar Jun 30, 2015 2:12 am

Sabía que Diadema lo apoyaría, desde que había llegado allí siempre había sido bueno con él, pero aún así sintió que se libraba de un peso cuando le dijo que lo esperaría allí. Con su aprobación subió las escaleras, esperando entrar al cuarto donde algunos conversarían en grupos y él podrí ir a dormir. Pero en cambio estaban todos reunidos, pensó que planearían algo. Grande fue su sorpresa al ver que lo esperaban a él. Miró a Frigg con curiosidad y un poco de nervios. Entonces el rubio le entregó el chaleco, se parecí al que llevaba puesto (su favorito). Suponía que ellos tenían razón, que ahora que saldría necesitaría ropa mejor sin roturas... aunque no podía dejar de pensar en su favorito. Sintió la suave tela en sus manos, lo llevó a su nariz y sintió el aroma a limpio.

Bien, que usara un chaleco nuevo no significaba que no podría usar su favorito de vez en cuando. Asintió mirándolos a todos.

Gracias, es muy bonito —les dijo con toda sinceridad. Hizo algo que no hacía nunca, les sonrió...— lo agradezco mucho —apretó el chaleco contra su cuerpo—me esforzaré.

Y dicho eso (porque siendo Adhara como era, más no iba a decir), se fue a su litera. Se puso el pijama y se acostó a dormir. El día siguiente debía salir temprano de casa para llegar temprano a su entrenamiento. Así que durmió pensando en el despertar, y al día siguiente el sol aún no salía cuando él abrió los ojos, tenía que levantarse porque Kore había dicho que debía estar con él al amanecer, así que se vistió con su chaleco nuevo y sus pantalones oscuros. Hizo un bolso y luego bajó a comer algo de desayuno antes de partir, sabía que llegaría una visita esa mañana pero no sabía si alcanzaría a estar para recibirle, pues... pues porque tenía un horario que cumplir.

La casa aún dormía, él puso agua a hervir y preparó su asiento mientras esperaba, entonces apareció diadema y él puso otro asiento en la mesa.

Buenos días —saludó— lamento estar aquí tan temprano pero Kore me pidió ir al amanecer... no quiero llegar tarde —le dijo, aunque aún faltaba para ese momento.
avatar
Adhara

Mensajes : 11
Fecha de inscripción : 06/05/2015

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El silencio de Adhara

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba


 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.